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domingo, 12 de febrero de 2017

Soy el protagonista de mi vida


Los niños, en general a partir de los 4 años, ya pueden sentir que son los mismos, ayer y hoy, y predecir que serán los mismos mañana, es decir, ya pueden tener un sentido de la historia autobiográfica, un sentido de identidad que conecta el pasado con el futuro. Es una identidad no automática, sino que va surgiendo y se va conformando a medida que los niños van sintiéndose protagonistas de su propia vida. Hay un experimento que se llama: experimento de la gratificación diferida, de Walter Mischel, donde se ve como los niños, a partir de las 4 / 5 años, si así lo quieren y si van adquiriendo herramientas para ello, pueden postergar la realización de impulsos y dejar una acción para después en pos de algo que les gratifique más, en pos de una motivación con una valencia superior a la gratificación inmediata de dicho impulso o necesidad, como en el mito de Ulises.
Es un sentido que vamos construyendo a lo largo de la vida, esa sensación autobiográfica que luego podemos convertir en una narrativa, pero que comienza siendo una sensación de ser el mismo que de niño me gustaban las figuritas de colores y ahora admiro los cuadros de Escher o disfruto de una buena película. Esas experiencias de la infancia han influido en mi forma de ser adulto. Todo eso sin olvidar el contexto en el que mi vida se ha desarrollado. A lo largo de la vida, las experiencias nos van cambiando y nosotros al mundo, permanentemente. Podemos ser los que fuimos, cambiar y ser totalmente diferentes, pero el sentido de ser uno mismo seguirá.
La infancia es parte de lo que soy como adulto, por eso, desde Proyecto Piuquén, trabajamos intensamente y con pasión, por una infancia feliz con experiencias de respeto, respuestas sensibles de los adultos, y niños con lindos recuerdos para cuando sean adultos. Siempre una figura o experiencia resiliente puede ayudar a un niño desdichado a tener una adultez dichosa.
¡Contribuimos a conformar una red de Buenos tratos!

Autora: Lic. María Elena De Filpo Beascoechea
Licencia: Todos los derechos reservados
marieladfb@gmail.com

 Consultas al Tel: +34 91 314 3141-+34 650 668 663
Colaborador en Bs: As. (Argentina): Lic. Juan Walsh +54 11403 633 71
Ilustración: Viñeta de Tute . Tuterapia, edit. Sudamericana. 2012.

sábado, 23 de abril de 2016

Jugando



Quiero que pensemos sobre el juego poniendo el foco en el gerundio: jugando, la acción, el hacer. El juego implica hacer. Es un hacer que se inscribe en un espacio y un tiempo, que permite elevarnos a otro lugar, pero sabiendo que estamos limitados por unos bordes que a la vez dan alas para salirse de ellos, sin saber a dónde llegaremos. Veamos a un niño jugar: su juego no se da en el aire, sino que hay un tiempo en el que el juego transcurre, un espacio donde se despliega la actividad y elementos imaginarios, o concretos que hacen de materia. Una forma de entender el juego sería como una actividad sin mandatos, con la cualidad de la libertad. Para que los niños puedan jugar libremente, deben sentirse seguros, en presencia de un ambiente que lo contenga, un orden externo que permita su libertad interna. El tiempo del juego es un aquí y ahora, es un tiempo espontáneo. Una buena forma de acompañar o de jugar con un niño, es participar de las reglas que, ya sean explícitas o implícitas, hacen que uno esté dentro o fuera de él. Lo importante para el niño, es que no minimicemos el valor de esas reglas, podemos respetarlas o transgredirlas, pero nunca ignorarlas. Porque jugando el niño está realizando una actividad para él muy seria! teniendo su juego, una finalidad infinitamente impredecible. Les propongo que se tomen el trabajo de verlos jugar, de acompañar su juego, sin imposiciones, sin prisas, sin ordenarles objetivos, y vivirán una experiencia regresiva, a aquellos años infantiles, donde penetrábamos en un mundo seguro pero incierto, conocido pero sorpresivo, poblado de personajes amables y otros temidos, pero, sobre todo, un mundo placentero! 


Lic. María Elena De Filpo Beascoechea 


Consulta Orientación a Madres/Padres:  al Tel: 91 314 3141 o Móvil: 650 668 663 (Madrid. España).
y al 11 4036 3371 Lic. Juan Walsh (Buenos Aires, Argentina) 


Licencia: todos los derechos reservados 
Fotografía: Maríela De Filpo Beascoechea 
Licencia: copyright

martes, 23 de febrero de 2016

La capacidad de estar solo o a solas

La capacidad de una persona de estar solo o a solas, es un logro a construir con la ayuda de los intercambios relacionales cuando somos infantes. Winnicott nos habla de esta capacidad, que aparece después del establecimiento de las relaciones bipersonales. La experiencia básica para lograrla, es la experiencia de estar a solas, en la infancia y la niñez, en presencia de la madre (llamamos madres a quien ejerza de cuidador del niño) sostenedora y confiable, equivalente a un ambiente con esas características. Es una experiencia de relacionalidad del yo (relación entre dos, donde uno está a solas) La madre, el padre o cuidador/a está disponible, y permite al niño estar a solas en su presencia confiable, posibilitando experienciar (término que intenta nombrar la experiencia tomando en cuenta las variables tiempo y continuidad) una soledad sin tensión. 
Lic. María Elena De Filpo Beascoechea
Licencia: todos los derechos reservados
Fotografía: Mariela De Filpo Beascoechea
Licencia: todos los derechos resetvados

lunes, 18 de enero de 2016

Atención y aprendizaje en los bebés

                                                         “Se diría que los bebés tienen un apetito voraz por lo inesperado"
                                                                                                                                           Alison Gopnik 
Los bebés van aprendiendo cómo funciona el mundo gracias a su atención a lo nuevo. Cualquier cosa y más aún, algo inesperado, capta la atención de los bebés, q le dedicarán más tiempo de observación que a algo esperado.
Su atención es más exógena que endógena, porque está incentivada por estímulos externos. La posibilidad de elegir focalizar en algo determinado se va desarrollando con los años, es una posibilidad de lograr un control sobre aquello en lo que queremos centrar nuestra atención, que se desarrolla lentamente a lo largo de los años de preescolar. Este control estará regido por sus prioridades interiores más que por los acontecimientos externos, en los niños más mayores. En los bebés y los niños pequeños, es más difícil inhibir las distracciones ya que a diferencia de los adultos, su atención es menos focalizada, por eso los bebés aprenden tanto acerca de cómo funciona el mundo. Toman todos los datos que pueden de la realidad sin seleccionarlos, ya que por ahora no importa qué es importante y qué no, esa selección se hará más adelante. Podemos decir que los bebés son expertos en aprender. A diferencia de los adultos, que tratamos de centrarnos en aquello que nos sea más útil y relevante para nuestra vida, los bebés tienen el imperativo de aprender todo lo que puedan en poco tiempo y les irá mejor prestando atención a todo.
Por eso, no pretendamos que un bebé o niño pequeño, atienda a algo mucho tiempo porque cuando pase a ser conocido o cuando se cruce en su camino algo nuevo o inesperado, será muy normal que desvíe hacia ello su atención. Este conocimiento, aunque parezca muy obvio, nos ayudará en el vínculo y también en el juego con ellos, no volviéndonos insistentes en tratar de “encarrilarlos” en un juego determinado, sino entendiendo que se desviarán, cada vez que les sea posible, hacia otros rumbos, con su específica "distracción" saludable.

Autora: Lic. María Elena De Filpo Beascoechea
Licencia: todos los derechos reservados
Fotografía: Mariela De Filpo Beascoechea
Licencia: todos los derechos reservados